Las infancias tambien tienen historia: una mirada al pasado desde Santiago del Estero

Un equipo de investigadores de la UNSE propone revisar la historia desde las experiencias de ni?as y ni?os y plantea nuevas preguntas sobre las infancias santiague?as, sus trayectorias y su presencia en los archivos historicos.

[2026-08-16]

El equipo Historia UNSE-Mujeres, integrado por la Lic. Alba Gallo, la Lic. Maria Olivera, la Lic. Karina Roldan, la Lic. Marcia Pompolo, la Lic. Evangelina Isac y la Lic. Maria Eugenia Hernandez Reimundi, propone aprovechar la conmemoracion dedicada a las infancias para reflexionar sobre quienes fueron ni?os y ni?as en otros tiempos y como sus experiencias pueden aportar nuevas perspectivas para comprender el pasado.

Cada agosto, la celebraci?n dedicada a las infancias vuelve a colocar a ni?as y ni?os en el centro de la escena p?blica. Regalos, juegos, encuentros familiares y distintas actividades forman parte de una fecha ampliamente instalada en nuestra sociedad. Pero, desde la Historia, esta conmemoraci?n puede abrir tambi?n otras preguntas: ?qu? sabemos de quienes fueron ni?os y ni?as en otros tiempos?, ?c?mo vivieron, sintieron e interpretaron los procesos hist?ricos que habitualmente reconstruimos desde el mundo adulto?, ?qu? cambia en nuestro conocimiento del pasado cuando comenzamos a interrogarlo desde sus experiencias?

Estas preguntas forman parte de un campo historiogr?fico relativamente reciente pero especialmente f?rtil, la historia de las infancias. Sus investigaciones han permitido cuestionar una idea que durante mucho tiempo pareci? evidente: que la infancia constituye una etapa natural, homog?nea y universal de la vida. Por el contrario, las maneras de comprender qu? significa ser ni?o o ni?a, las expectativas que las sociedades depositaron sobre ellos y las formas de educarlos, protegerlos, disciplinarlos o reconocer su capacidad de acci?n cambiaron a trav?s del tiempo. Hablar de infancias, en plural, no constituye entonces una simple elecci?n de palabras. Expresa una perspectiva historiogr?fica, no existi? ni existe una ?nica experiencia de infancia. La clase social, el g?nero, las pertenencias ?tnicas, el territorio, las familias, la educaci?n, el trabajo y los diferentes contextos pol?ticos y culturales produjeron (y producen) diversas maneras de transitarla.

En t?rminos historiogr?ficos, resulta ?til distinguir, adem?s, entre los sujetos que estudiamos y las categor?as desde las cuales los interrogamos. Ni?as y ni?os pueden convertirse en sujetos de nuestras investigaciones, mientras que las infancias constituyen una categor?a de an?lisis capaz de iluminar problemas hist?ricos mucho m?s amplios: el Estado, las familias, la educaci?n, el trabajo, las desigualdades, la pol?tica, las violencias, los afectos y las maneras en que las sociedades imaginaron su propio futuro. En este sentido, estudiar las infancias no significa ?nicamente incorporar nuevos sujetos al relato hist?rico, sino tambi?n formular nuevas preguntas sobre procesos que cre?amos conocer.

Tambi?n las denominaciones tienen historia

La propia conmemoraci?n constituye un buen ejemplo de que las formas de nombrar y concebir a ni?as y ni?os son hist?ricas. En 1954, la Asamblea General de las Naciones Unidas recomend? que los pa?ses instituyeran un D?a Universal del Ni?o destinado a promover su bienestar. El 20 de noviembre adquiri? luego particular significaci?n: ese d?a se aprob? la Declaraci?n de los Derechos del Ni?o en 1959 y, treinta a?os despu?s, la Convenci?n sobre los Derechos del Ni?o, en 1989. Argentina aprob? la Convenci?n mediante la Ley 23.849 en 1990; posteriormente, la reforma constitucional de 1994 le otorg? jerarqu?a constitucional. Este recorrido expresa tambi?n una transformaci?n en las formas jur?dicas y pol?ticas de concebir a los sujetos infantiles y sus derechos.

Pero tambi?n cambiaron las palabras. Desde 2020 comenz? a promoverse en nuestro pa?s la expresi?n ?D?a de las Infancias?, mientras que en agosto de 2025 el Poder Ejecutivo Nacional, mediante el Decreto 562/2025, estableci? oficialmente como ?D?a del Ni?o? al tercer domingo de agosto de cada a?o.

Desde una mirada hist?rica, estos cambios resultan interesantes para el an?lisis. Las denominaciones no se producen fuera de su tiempo, expresan contextos, sensibilidades, decisiones pol?ticas y determinadas maneras de concebir a los sujetos que nombran. Tambi?n los modos de hablar sobre ni?as y ni?os forman parte de las disputas y transformaciones de cada presente.

Para la historiograf?a, sin embargo, utilizar infancias, en plural, posee una potencia anal?tica que excede las denominaciones oficiales adoptadas en diferentes momentos. El plural permite reconocer la heterogeneidad de las experiencias infantiles y preguntarnos por las desigualdades y relaciones de poder que las atravesaron. Aunque las denominaciones oficiales var?en, la pregunta historiogr?fica persiste, ?qu? sujetos, qu? experiencias y qu? nociones de infancia se ponen en consideraci?n al hablar de infancia?

Precisamente, preguntarnos qu? entendemos por infancia conduce a uno de los problemas centrales que dieron origen a este campo historiogr?fico, reconocer que la propia noci?n de infancia posee una historia.

De "la infancia" a las infancias

Uno de los grandes desplazamientos de este campo consisti? en cuestionar la idea de una infancia natural e inmutable. Los estudios pioneros de Philippe Ari?s (1960), posteriormente objeto de importantes revisiones y debates, contribuyeron a instalar una discusi?n fundamental acerca de la historicidad de las formas de concebir la ni?ez. A partir de all? se abri? una pregunta que resultar?a decisiva, ?existi? siempre la infancia tal como hoy la entendemos?

Las investigaciones posteriores mostraron un panorama mucho m?s complejo. No fueron iguales las experiencias de las infancias urbanas y rurales, de sectores populares y acomodados, escolarizadas o trabajadoras, ind?genas o no ind?genas; tampoco fueron equivalentes las experiencias atravesadas por diferencias de g?nero, migraciones, guerras, dictaduras o profundas desigualdades sociales. La renovaci?n del campo permiti? as? desplazar la mirada desde una infancia concebida como experiencia universal hacia una pluralidad de infancias hist?ricamente situadas.

En Argentina, el desarrollo de este campo ha adquirido particular dinamismo en las ?ltimas d?cadas, en di?logo con la historia social, la historia de la familia, la historia de la educaci?n, los estudios de g?nero y las investigaciones sobre pol?ticas sociales y minoridad. Estos cruces permitieron advertir, adem?s, que no todos los sujetos infantiles fueron concebidos de la misma manera. Las investigaciones de Zapiola (2010) han mostrado la importancia hist?rica de las categor?as utilizadas para nombrar y clasificar a determinados ni?os y ni?as, particularmente aquellos pertenecientes a los sectores populares. La distinci?n entre el ?ni?o? y el ?menor? permite observar c?mo ciertas infancias quedaron asociadas a la educaci?n y la protecci?n familiar, mientras otras fueron objeto de tutela, correcci?n, institucionalizaci?n e intervenci?n estatal. Las categor?as, por lo tanto, no s?lo nombraron realidades, tambi?n contribuyeron a producir formas diferenciadas de comprender e intervenir sobre las infancias.

La consolidaci?n de los Estados modernos otorg?, adem?s, una creciente centralidad a ni?as y ni?os. Sobre ellos se proyectaron expectativas acerca del futuro de las familias, las sociedades y las naciones. Los trabajos de Isabella Cosse (2021) permiten observar c?mo las representaciones sobre los ni?os pueden condensar sensibilidades pol?ticas, concepciones sobre las desigualdades y proyectos de transformaci?n social. Sus investigaciones sobre familia, crianza, afectos e infancia muestran tambi?n que aquello que una sociedad considera una forma adecuada de criar, educar o vincularse con ni?as y ni?os posee su propia historicidad.

 Precisamente porque las infancias representan tambi?n aquello que una sociedad imagina para su futuro, han constituido hist?ricamente espacios de intervenci?n, regulaci?n y disputa. Protecci?n y control, adem?s, no siempre constituyeron caminos separados. Las investigaciones de Carla Villalta (2012) permiten comprender hist?ricamente c?mo distintas instituciones y pr?cticas estatales adquirieron capacidad para intervenir sobre ni?os y familias, particularmente sobre los sectores populares. Educar, proteger, tutelar, institucionalizar, disciplinar y garantizar derechos forman parte de una historia compleja que no puede ser interpretada linealmente.

Sin embargo, reconstruir las formas en que el Estado, las familias y distintas instituciones pensaron e intervinieron sobre las infancias constituye s?lo una parte del problema. Si ni?as y ni?os fueron objeto de discursos, pol?ticas y pr?cticas adultas, tambi?n fueron sujetos capaces de interpretar aquello que suced?a a su alrededor y de actuar, dentro de posibilidades hist?ricamente condicionadas, sobre el mundo que habitaban.

Ni v?ctimas pasivas ni peque?os adultos

Uno de los conceptos m?s interesantes de esta renovaci?n historiogr?fica es el de agencia infantil. La categor?a invita a preguntarnos qu? hicieron ni?as y ni?os dentro de las condiciones hist?ricas que les tocaron vivir, c?mo interpretaron aquello que suced?a a su alrededor y cu?les fueron sus posibilidades de intervenir sobre ese mundo.

Reconocer agencia no significa imaginar ni?os y ni?as completamente aut?nomos ni convertirlos en peque?os adultos. Por el contrario, obliga a reconstruir las relaciones de poder dentro de las cuales pudieron actuar. La edad, las familias, la clase social, el g?nero, las instituciones, el territorio y el contexto pol?tico condicionaron las posibilidades de hablar, decidir, negociar, resistir o participar.

Los estudios de Anna Peterson y Kay Read (2002) sobre las guerras centroamericanas resultan elocuentes. Las autoras muestran c?mo ni?os y ni?as pudieron ser representados alternativamente como v?ctimas, h?roes e incluso enemigos. Ninguna de estas categor?as, considerada aisladamente, resulta suficiente para reconstruir la complejidad de sus experiencias. Un ni?o puede haber sido vulnerable y, simult?neamente, haber actuado; haber sentido miedo y tambi?n resistido; haber trabajado y jugado; haber asumido responsabilidades y continuado necesitando protecci?n.

La riqueza de estudiar las infancias reside precisamente en no obligar sus experiencias a caber dentro de una ?nica categor?a. Esta perspectiva permite tambi?n volver sobre procesos hist?ricos conocidos desde preguntas diferentes. Las guerras, las dictaduras, las migraciones, las crisis econ?micas o las transformaciones familiares no fueron experimentadas ?nicamente por adultos. Ni?as y ni?os tambi?n estuvieron all?, aunque durante mucho tiempo las preguntas de los historiadores no estuvieran dirigidas hacia ellos. Considerar que ni?as y ni?os tambi?n fueron actores de esos procesos abre, sin embargo, un nuevo problema, ?c?mo reconstruir sus experiencias cuando buena parte de los documentos que conservamos fueron producidos por adultos?

?C?mo escuchar las voces de las infancias del pasado?

Aqu? aparece uno de los principales desaf?os metodol?gicos. Gran parte de los documentos hist?ricos referidos a ni?os y ni?as fueron producidos por adultos: maestros, m?dicos, jueces, sacerdotes, funcionarios, periodistas o familiares. Las voces infantiles aparecen muchas veces mediadas, fragmentadas o directamente ausentes.

Pero ausencia no significa imposibilidad. Cartas, dibujos, fotograf?as, cuadernos escolares, expedientes judiciales, registros de instituciones, prensa, objetos, testimonios orales y memorias pueden ofrecer indicios para aproximarnos a aquellas experiencias. El desaf?o consiste en aprender a interrogar las fuentes de otra manera y, muchas veces, buscar a ni?as y ni?os dentro de documentos que originalmente no fueron producidos para escuchar sus voces.

 Incluso aquellas fuentes que parecen acercarnos de manera m?s directa a las infancias requieren ser interrogadas cr?ticamente. Una fotograf?a de ni?os, por ejemplo, no constituye una ventana transparente hacia sus experiencias, fue producida en determinadas circunstancias, seleccion? una escena, construy? una representaci?n y respondi? a las decisiones de quien tom? la imagen, de quien la conserv? y, muchas veces, de la instituci?n que la produjo. Lo mismo sucede con expedientes judiciales, registros escolares o informes m?dicos, donde las palabras y experiencias infantiles suelen llegar hasta nosotros atravesadas por categor?as y escrituras adultas.

Esto exige cautela. No se trata de hacer hablar artificialmente a quienes las fuentes no permiten escuchar, sino de reconocer silencios, mediaciones y relaciones de poder. Pero tambi?n supone ampliar nuestro repertorio documental y volver sobre fuentes conocidas con preguntas diferentes. All? donde antes se buscaban ?nicamente pol?ticas educativas, estad?sticas de poblaci?n, conflictos laborales o decisiones institucionales, pueden aparecer tambi?n rastros de experiencias infantiles.

La historia de las infancias nos enfrenta as? a una pregunta metodol?gica y, al mismo tiempo, profundamente humana, ?c?mo aproximarnos a las experiencias infantiles sin reemplazarlas nuevamente por nuestras propias categor?as adultas? Si estas preguntas han renovado la historiograf?a de las infancias en diferentes escalas y contextos, trasladarlas a nuestro propio espacio abre un desaf?o todav?a mayor: ?qu? ocurre cuando interrogamos desde ellas la historia de Santiago del Estero?

?Y las infancias santiague?as?

Para quienes investigamos, ense?amos y estudiamos Historia desde Santiago del Estero, este campo ofrece una agenda f?rtil. ?Qu? sabemos acerca de las experiencias de ni?as y ni?os en nuestra historia provincial? ?C?mo fueron las infancias rurales, campesinas, ind?genas y urbanas? ?Qu? signific? crecer en territorios forestales, trabajar tempranamente, migrar, asistir (o no) a la escuela? ?C?mo incidieron las pol?ticas educativas, sanitarias y asistenciales? ?C?mo fueron atravesadas sus experiencias por las transformaciones econ?micas, familiares y territoriales? ?Qu? ocurri? con ni?os y ni?as durante per?odos de autoritarismo y violencia pol?tica?

Las respuestas probablemente est?n dispersas en archivos escolares, expedientes estatales y judiciales, fotograf?as familiares, censos, prensa peri?dica, correspondencia, registros parroquiales y, especialmente, en las memorias de quienes alguna vez fueron aquellos ni?os y ni?as. Es posible, incluso, que muchas de esas fuentes ya hayan sido consultadas por la historiograf?a santiague?a, aunque interrogadas desde otros problemas.

Un ejemplo de estas posibilidades puede encontrarse en las investigaciones de Medina (2018) sobre la historia de la aviaci?n santiague?a. Entre los episodios recuperados aparece el de Celia G?mez, una joven de catorce a?os que, en 1920, se acerc? al aviador Arnold Syddal en Cachi Pampa y le ofreci? sus ahorros para poder volar. Aunque el dinero no alcanzaba para cubrir la tarifa, Syddal accedi? a llevarla y Celia se convirti?, seg?n la investigaci?n, en la primera mujer santiague?a en volar sobre la ciudad. Le?do desde la historia de las infancias, este episodio permite formular nuevas preguntas acerca de los deseos, las expectativas y los m?rgenes de acci?n de ni?as y adolescentes frente a experiencias asociadas a la modernidad y, por entonces, predominantemente protagonizadas por varones.

En este sentido, algunas investigaciones desarrolladas en el ?mbito local permiten advertir que las huellas de esas infancias ya se encuentran presentes en nuestros archivos, aunque no siempre hayan sido interrogadas espec?ficamente desde esta perspectiva. Los estudios de Olivera (2026) sobre la poblaci?n afrodescendiente santiague?a, plasmados entre otros trabajos en La huella afro, han recuperado expedientes judiciales que permiten reconstruir trayectorias y relaciones sociales atravesadas por la esclavitud. Entre esos documentos aparecen tambi?n ni?as esclavizadas cuyas historias permiten observar diversas situaciones vinculadas con la esclavitud, la compraventa, la transmisi?n patrimonial y el otorgamiento de cartas de libertad, abriendo nuevas preguntas para la historia de las infancias en la provincia.

Figura 3. Fragmento del testamento de Francisca Fr?as, per?odo colonial. El documento registra a mujeres y ni?as esclavizadas y permite observar diferentes situaciones jur?dicas y familiares: entre ellas, Sebastiana, de cuatro a?os, a quien se hab?a otorgado carta de libertad; Ysabel, de dos a?os, declarada vendida; y Jasinta, de un mes y medio, cuya condici?n de esclavizada se mantiene y cuya entrega a los herederos se dispone como parte de los bienes.

Volver sobre esos expedientes desde esta perspectiva permitir?a interrogar no s?lo la esclavitud y la afrodescendencia, sino tambi?n experiencias infantiles atravesadas simult?neamente por la edad, el g?nero, la condici?n jur?dica y las relaciones de dominaci?n propias de aquella sociedad. ?Qu? significaba transitar la infancia siendo una ni?a esclavizada en el Santiago del Estero de aquel per?odo? ?C?mo eran nombradas y valoradas en esos documentos? ?Qu? v?nculos familiares aparecen (o desaparecen) en los actos de compra y venta? ?Qu? posibilidades existen de encontrar, detr?s de la escritura judicial producida por adultos, indicios de sus trayectorias y experiencias?

Este ejemplo muestra la potencialidad de volver a fuentes ya conocidas desde nuevas preguntas. Los expedientes judiciales pueden haber sido utilizados para reconstruir la esclavitud, las relaciones econ?micas o la presencia afrodescendiente en la provincia y, al mismo tiempo, contener huellas todav?a poco exploradas de ni?as y ni?os. De este modo, la historia de las infancias puede contribuir no s?lo a incorporar nuevos sujetos, sino tambi?n a producir nuevas lecturas de nuestro propio patrimonio documental.

En este punto adquieren especial relevancia los enfoques locales, regionales y situados. Interrogar las infancias desde Santiago no supone simplemente trasladar a una escala provincial categor?as y debates construidos en otros espacios historiogr?ficos. Por el contrario, la documentaci?n local permite reconocer experiencias, relaciones y sujetos espec?ficos que pueden complejizar, tensionar y enriquecer discusiones m?s amplias sobre las infancias en la historia. Las particularidades de una sociedad, sus configuraciones familiares, ?tnico-raciales, econ?micas y territoriales, sus formas de trabajo, sus instituciones y sus relaciones de poder condicionaron tambi?n maneras concretas de transitar la ni?ez. Desde esta perspectiva, recuperar las experiencias de ni?as y ni?os afrodescendientes, ind?genas, campesinos, trabajadores, escolarizados o no escolarizados permite construir una historia de las infancias atenta a las especificidades del territorio y, al mismo tiempo, capaz de dialogar con problemas historiogr?ficos de alcance nacional y latinoamericano. Lo local no constituye aqu? una escala menor, sino una escala de observaci?n capaz de formular problemas propios, producir conocimiento y poner en discusi?n categor?as generales.

Profundizar estas preguntas desde la provincia no supone ?nicamente incorporar un tema novedoso a nuestra historiograf?a. Implica volver sobre problemas conocidos desde otros sujetos, otras escalas y otras experiencias. La historia de la educaci?n puede ser tambi?n la historia de quienes transitaron la escolarizaci?n; la historia del trabajo, la de quienes comenzaron a trabajar siendo ni?os; la historia de las migraciones, la de quienes debieron abandonar sus lugares junto con sus familias; la historia de las pol?ticas p?blicas, la de quienes las vivieron como destinatarios; la historia de las dictaduras y las violencias, la de quienes las experimentaron desde edades y posiciones distintas a las de los adultos. De este modo, la pregunta por las infancias santiague?as no remite ?nicamente a un vac?o que deba ser completado, sino a una posibilidad historiogr?fica, volver a mirar nuestro pasado desde sujetos que estuvieron presentes en las fuentes y, sin embargo, permanecieron poco visibles en nuestras preguntas.

Otras preguntas para nuestra historia

Tal vez uno de los sentidos que desde el Equipo podemos otorgar a esta conmemoraci?n sea precisamente ?ste, adem?s de celebrar a ni?as y ni?os en el presente, aprovechar la fecha para preguntarnos por quienes transitaron sus infancias en otros tiempos.

La historia de las infancias ha avanzado porque se atrevi? a cuestionar categor?as que parec?an naturales, reconocer experiencias diversas y buscar sujetos all? donde durante mucho tiempo no fueron interrogados. La noci?n de agencia infantil, la atenci?n a las relaciones de poder y el reconocimiento de la diversidad de experiencias permiten hoy complejizar nuestra comprensi?n de procesos sociales, pol?ticos, econ?micos y culturales mucho m?s amplios. Por eso, las infancias no constituyen solamente otro tema para la Historia, pueden convertirse en otra manera de interrogarla.

Desde Santiago del Estero, queda abierta una enorme posibilidad de investigaci?n. Volver a los archivos, las fuentes y las memorias a partir de estas preguntas puede permitir que aparezcan sujetos y experiencias hasta ahora poco visibles y, con ellos, nuevas dimensiones de nuestro pasado. Porque cuando cambian los sujetos y las preguntas desde las cuales interrogamos la historia, tambi?n cambia la historia que somos capaces de contar.

Te puede interesar

Se realizó el taller "apuestas digitales. qué se juega?"

En el SUM del Concejo Deliberante, se realizó el taller «APUESTAS DIGITALES. QUÉ SE JUEGA?» en el marco del IX Encuentro Nacional de la Red Federal de Infancias que se realizó en forma paralela en el Fórum Centro de Convenciones.    

El historiador frente a nuevos desafíos: Investigar, divulgar y dialogar con la sociedad

En el Día del Historiador y la Historiadora, la Licenciatura en Historia de la Facultad de Humanidades, Ciencias Sociales y de la Salud de la Universidad Nacional de Santiago del Estero propone una reflexión sobre un oficio en permanente transformación.

HCD: Se destacó la incorporación de 80 unidades 0 Km al transporte urbano

Se concretó la 28 asamblea plenaria del H. Concejo Deliberante de la Capital, presidido por su titular, Humberto Eduardo Santillán, contando con la presencia de 10 concejales. Los ediles oficialistas, felicitaron al gobierno de la provincia y a la Municipalidad de la Capital por el anuncio y exposición, el último fin de semana,  de las nuevas 80 unidades 0 Km del transporte público de pasajeros. Lelio Manzanares: "Recalco la palabra empeñada y la palabra cumplida. El municipio en todo momento hizo lo posible para que el transporte público sea el que nos merecemos los santiagueño".  

Diarios Impresos